Título: Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo
Dante sabe nadar. Aristóteles, no. Dante es hablador y seguro de sí mismo. Ari duda todo el tiempo y le cuesta entablar una conversación con alguien. Dante no para de pensar en poesía y arte. Ari vuelve constantemente al recuerdo de su hermano que está en prisión. Dante es un sabelotodo que tiene una manera especial de entender el mundo. Ari es introvertido. Dante es más bien blanco. Ari es moreno.
Y aunque a simple vista no tienen nada en común, se encuentran, y empiezan a pasar tiempo juntos. Así construyen una amistad entrañable que les permitirá aprender a creer en ellos mismos, a ser más grandes y descubrir los secretos del universo.
A sus quince años,
Aristóteles todavía no sabe nadar. Tampoco le gusta relacionarse con sus
compañeros de clase ni mostrar sus sentimientos. Y, por si fuera poco, vive
atormentado por el recuerdo de su hermano encarcelado mientras convive con un
padre marcado por la guerra. Todo ese cúmulo ha hecho que Aristóteles sea
introvertido, raro y solitario.
Dante es todo lo
contrario a Aristóteles. Es aventurero, impulsivo, cariñoso y no le importa
mostrar sus sentimientos. Ama leer poesía y nadar. Y sus padres son
comprensivos con él.
Cuando Dante le ofrece a
Aristóteles enseñarle a nadar, un universo lleno de misterios se abre ante
ellos. Ese será el principio de una bonita amistad que dará paso a una historia
llena de descubrimientos, sentimientos encontrados y confesiones que cambiarán
todo lo que hasta entonces sabían.
Aristóteles y Dante
descubren los secretos del universo es un libro que debería
leer todo el mundo. Los mensajes, los valores y las enseñanzas que transmite
son muy necesarias en la sociedad actual, donde las personas son discriminadas
por su etnia, religión, ideología u orientación sexual. Y, por si alguien
quiere leerlo en inglés, mencionar que es la primera novela que leo en ese
idioma por voluntad propia y el lenguaje que utiliza es muy sencillo. Con un B1
se lee sin problemas.