1 jun. 2014

Citas de libros: Un paseo para recordar

A menudo revivo mentalmente aquel año y me doy cuenta de que, cuando lo hago, siempre me invade una extraña sensación de tristeza y de alegría a la vez. Hay momentos en que desearía retroceder en el tiempo para poder borrar toda esa inmensa tristeza, pero tengo la impresión de que, si lo hiciera, también empañaría la alegría.
Con los años he aprendido que la vida nunca es justa. 
A pesar de todas esas peculiaridades, lo que más me sacaba de mis casillas de ella era que siempre se mostrara tan abominablemente sonriente y feliz, sin importar lo que pasaba a su alrededor.
-¿Te gustaría ir al baile conmigo? -Me encantaría-dijo al final-, pero con una condición. Erguí la espalda, esperando que no fuera prometerme algo horroroso. -¿Qué condición? -Has de prometerme que no te enamorarás de mí.
La acompañé hasta la puerta de su casa y permanecimos unos momentos fuera, bajo la luz del porche. Jamie cruzó los brazos y sonrió levemente, encantada, como si acabara de regresar de un paseo nocturno en el que se hubiera dedicado a contemplar la belleza del mundo.
Jamie se giró hacia la pared, pero podía ver las lágrimas en sus ojos. Era la primera vez que la veía llorar. Creo que una parte de mí también quería llorar.
Lo creas o no, aquella fue la primera vez que reconocí, que en ciertos aspectos, Jamie era igual que el resto de nosotros. 
-Lo siento -repetí.  Cuando alguien te cuenta algo triste, es lo único que se te ocurre, aunque ya lo hayas dicho antes.
Os ofrecería llevaros en coche, pero seguro que no resultaría ni la mitad de agradable que vuestro paseo bajo las estrellas, y por nada en el mundo permitiría que os perdierais esa bella experiencia.
Incluso cuando acababa de comportarme de la formas más ruin posible, ladrándole con rencor, ella era capaz de hallar un motivo para darme las gracias.
No fue un beso muy largo, y desde luego no fue uno de esos de película, pero fue maravilloso a su manera. Lo único que recuerdo es que, cuando nuestros labios se rozaron, tuve la certeza de que jamás olvidaría aquel instante. 
Cuando la cantante entonó la lenta melodía, estreché a Jamie entre mis brazos y entorné los ojos, preguntándome si en mi vida había existido antes un momento tan perfecto, y sabía que no.
-Te quiero, Jamie -declaré-. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. -No puedes estar enamorado de mí, Landon -se lamentó, con los ojos rojos e hinchados-. Podemos ser amigos, si quieres; podemos seguir viéndonos..., pero no puedes amarme.
Si algo me había enseñado Jamie a lo largo de aquellos meses era que las acciones -no los pensamientos ni las intenciones- eran la verdadera forma de juzgar a los demás.
Jamie no fue solo el ángel que salvó a Tom Thornton, sino que también fue el ángel que nos salvó a todos.
Jamie era más que simplemente la mujer a la que amaba. En aquel año, ella me había ayudado a convertirme en el hombre que soy. Con su mano firme, me mostró la importancia de ayudar al prójimo: con su paciencia y bondad, me enseñó el verdadero significado de la vida.
Recuerdo que en esos momentos pensé que aquel recorrido, aquel paseo hasta el altar, era el más difícil que nadie tendría que hacer jamás. En todos los sentidos, fue un paseo para recordar.
-No puedo entregar a Jamie, de la misma forma que no puedo entregar mi corazón. Pero lo que sí puedo hacer es dejar que otra persona comparta la alegría que ella siempre me ha dado. 
Lo recuerdo como el momento más maravilloso de mi vida. Han pasado cuarenta años y todavía puedo recordar todos los detalles de aquel día. Quizás ahora tenga más años y sea un poco más sabio: quizás haya vivido otra vida desde entonces, pero sé que, cuando llegue mi hora, los recuerdos de aquel día constituirán las últimas imágenes que llenen mi mente. Todavía la amo y nunca me he quitado el anillo. En todos estos años, no he sentido el deseo de hacerlo. Respiro hondo, aspirando el fresco del aire primaveral. A pesar de que Beaufort ha cambiado, como yo, el aire sigue siendo el mismo. Todavía es el aire de mi infancia y de mi juventud, el aire de mis diecisiete años: cuando espiro, vuelvo a tener cincuenta y siete años. Pero no importa. Sonrío serenamente, con la vista fija en el cielo, consciente de que aún hay una cosa que no te he contado: ahora creo que, a veces, los milagros suceden.

3 comentarios:

  1. Hola :D
    No lo he leído, pero me encantan estas citas!
    Un beso ^^

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  2. Hola! No he leído el libro, pero sí vi la pellícua, que es genial. Las frases son divinas!
    Ya me he suscrito. Un abrazo (:

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  3. Ay las frases fueron re lindas, tengo que leer este libro pero es que hay tan poco tiempo y tantos libros.

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